Recientemente, como frecuentemente suelen hacerlo después de una Asamblea, los obispos emitieron un breve comunicado titulado "La Nación requiere gestos de grandezas", con motivo del conflicto campo-gobierno.
Entiendo desde pequeño que "la caridad bien entendida empieza por casa" y entonces me pregunto que tal si hablando de la redistribución del ingreso empezáramos por casa.
En la comunidad fraterna de los seguidores de Cristo, los obispos, salvo excepciones, y ciertos párrocos de parroquias de mayores ingresos, viven bien diferente del resto de los curas en las zonas periféricas.
"Bien diferente" significa en casas, vehículos, viajes en el país y viajes al exterior, equipamiento parroquial, modos de vestir, y mejoras edilicias, construcciones de templos, etc. etc.
Estadísticas no muy actuales, pero no creo que se hayan modificado sustancialmente en estos años, daban cuenta que el 80% de los recursos económicos de una diócesis eran apropiados por el 20% de las parroquias.
Los fondos ingresados por colectas, donaciones, "estipendios" (ofrenda económica por la intención de misa), rifas, etc. en parroquias céntricas o de barrios con alto nivel adquisitivo, son muy superiores al de cualquier otra parroquia de barrio.
Recuerdo el caso de la Parroquia de Pinamar que en su temporada veraniega, recaudaba solo por colectas de misas de un domingo lo mismo que mi parroquia en un año. Pero debía rogar para que se nos diera la colecta a la salida de las misas para Cáritas Diocesana (sic), práctica prontamente abandona por considerarla antievangélica. Incluso hemos limosneado desde San Marcos a la salida de Catedral, Stella Maris y N. S. del Carmen en Mar del Plata !!!
En algún momento elevé la sugerencia de que se modificara la redistribución de la Colecta de Cáritas, de cuya recaudación, la parroquia originante participa de 1/3 del total. Cualquiera imaginará lo que significa en un lugar y en otro ese porcentaje.
Por otra parte, la parroquia céntrica tiene un vehículo o más, por supuesto para moverse pastoralmente en un radio reducido, en tanto que el de la periferia tiene hasta si se quiere, más dificultad de moverse en colectivo por el diagrama radial de los recorridos que en general van al centro y no al costado de un barrio y en una zona más amplia con el gasto que esto supone.
Pensemos un instante en todas las demás situaciones que se viven cotidianamente en una comunidad parroquial céntrica y en una periférica.
Sin embargo, las iniciativas de redistribución están atadas a la voluntad de un párroco dueño y señor de los fondos, por más dibujo que haga con el Consejo de Asuntos Económicos que como bien dice el Derecho Canónico, es consultivo.
Los agentes pastorales de la periferia deben viajar a reuniones, cursos, encuentros, liturgias, etc. en el centro de la ciudad y en muchas ocasiones deben ser subsidiados por las parroquias que representan.
Recientemente en la misa del Corpus, la guia de misa, indicó a la "asamblea" que el destino de la colecta era para afrontar los gastos de la celebración!!! Es decir para cosmética!!!
El Plan Compartir de nivel nacional que apuntaba a corregir estas asimetrías, incluso del nivel nacional, resultó un fracaso absoluto. En Mar del Plata, la creación del Fondo Diocesano para la Evangelización, fue una instancia elaborada por el entonces Obispo Arancedo con el fin de silenciar ciertas voces reivindicativas de una mayor socialización o fraternización del recurso económico diocesano, resultando a la fecha un exiguo fondo para la compra de lotes o construcción de salones o capillas muy sencillas.
Que quiero decir, simplemente que en nuestra comunidad evangélica, en lo relativo al sector de la jerarquía (obispos y presbíteros) el discurso sobre la redistribución del ingreso es absolutamente un doble discurso.
Cuantos ejemplos me vienen tristemente a la memoria: Casas parroquiales, piscina, vehículos, TV plasmas, campos, herencias a presbíteros, viajes al exterior (turismo y turismo religioso), casas para los familiares directos, capellanías rentadas (militares, institutos, cárceles, hospitales, etc.), comidas hasta con "sirvienta" guantes incluídos, bibliotecas abundantes de curas recién ordenados, etc. etc. Ni hablar de tantísimas acciones pastorales costosísimas y por lo tanto ofensivas al sentir de muchos laicos maduros que poco a poco van abandonando la militancia activa para vivir en la libertad del evangelio y de la adoración en espíritu y en verdad.
El silencio cómplice de los obispos, y la humillación a la que se somete cotidianamente a tantos agentes consagrados y laicos de nuestros barrios clama al cielo.
Dice el profeta "A quién pretenden instruir?" (Is 28,9), "todos están ávidos de lucro; desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican la mentira" (Jer 6,13) y tantos otros textos que señalan viejas traiciones que se repiten.
Qué hacer? Tomar conciencia, y a la hora de actuar, hacerlo de un modo coherente con su pensamiento y con sus principios.
Espero querido amigo JLI responder a tus inquietudes y que a todos nos sirva.
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